TRANSFEMINISMO

El transfeminismo amplía los sujetos del feminismo radical, y abarca a otras personas también oprimidas por el cisheteropatriarcado que no necesariamente han de ser mujeres cisgénero y/o heterosexuales. Este movimiento entiende el concepto de género como una construcción que se utiliza como mecanismo de opresión, y considera que el género actúa como un sistema de poder que limita los cuerpos para adaptarlos a un determinado orden social.

-El transfeminismo señala al patriarcado como opresor de todas aquellas identidades que se salen del binarismo y la heterosexualidad normativa, y considera el binarismo de género como la primera de las violencias que nos obliga, a través de la genitalidad, a situarnos en nuestro lugar, como opresores o como oprimidas.

Uno de los objetivos del transfeminismo o los transfeminismos es mostrar transversalmente la necesidad de articular críticas profundas a las nociones de identidad y a la reproducción sistemática y “naturalizada” de distintas discriminaciones sobre los cuerpos por razón de género, etnia, clase, preferencia sexual o diversidad funcional, a fin de que las distintas luchas de disidencia puedan deconstruir integralmente las ficciones políticas de la modernidad y el Estado nación, basadas en la segmentación racista, sexista, edadista, clasista, homófoba y capacitista.

El transfeminismo nombra un espacio transfronterizo habitado por diferentes sujetos para quienes las categorías clásicas de hombre o mujer se quedan estrechas, sin espacio para quienes no se adaptan a la norma. El sexo, la orientación sexual, el género, la clase social y la procedencia se entrelazan profundamente, dando lugar a lo que conocemos como la identidad, absolutamente singular, de cada persona. La apuesta central del transfeminismo nos recuerda que es imposible reducir esta multiplicidad a una única categoría ‘mujer’ y que sin embargo es posible rastrear las marcas comunes del poder (hetero)patriarcal. A nuestro juicio, la lucha transfeminista a día de hoy tiene dos grandes virtudes. Por un lado, poner en el centro del debate las inquietudes cotidianas de las personas transexuales –marginación, identidad sexual, despatologización– y, desde ahí, permitirnos ir más lejos que nunca en la pregunta de “qué es ser mujer” o “qué es ser hombre”, cuestionando qué sentido tienen la feminidad y la masculinidad si no queremos que sean formas de vida impuestas, jerárquicas y monolíticas.

Durante mucho tiempo se ha reproducido el mensaje de que si te sales de tu rol, es normal que se ejerza violencia contra ti: Revertir esa naturalización de la violencia y visibilizar su uso en la socialización, es un mecanismo fundamental para liberarnos de los roles de género y ser las personas que queramos ser desarrollando al máximo nuestro potencial, fuera de marcos reduccionistas. donde cuidar es un mandato de rol que posibilita el desarrollo del actual sistema de cuidados injusto e insostenible

Creemos necesario visibilizar que este sistema de roles se basa en lo que se ha denominado el sistema binario sexo-género. Este sistema dice que hay dos sexos y por tanto dos géneros únicos en los que clasificar a todo el mundo y que no encajar así es ir contra la naturaleza. Esto se pone en cuestión con la existencia de las personas trans que no se ajustan a ese binarismo. Por este motivo, sufren una gran exclusión del sistema. También las marimachos, los feminizados… son cuerpos y experiencias que se salen fuera del rol y que son castigados por ello.

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