Mujeres y salud en tiempos de pandemia

La pandemia ha incrementado enormemente la presión sobre nuestro sistema de salud y esto no se ha visto acompañado de medidas adecuadas para garantizar el derecho a la salud de todas las personas, dejando al sistema casi al borde del colapso asistencial, algo que ya se ha venido constatando durante los últimos diez años por la desinversión del sistema sanitario público. 

La crisis originada por la COVID-19 ha puesto de manifiesto la esencialidad de los trabajos feminizados, destacando las profesiones sanitarias, sociosanitarias y cuidados en general, sin olvidar al personal de limpieza, lavanderías… gente que ha estado haciendo un esfuerzo titánico. Las mujeres representamos el 66% del personal sanitario: el 84% de la enfermería, el 84% del personal en las residencias para personas mayores, el 82% de las profesionales de la psicología, el 72% en farmacia y el 51% en medicina. 

 Algunas consecuencias de la pandemia que están afectando a las mujeres de estos sectores por estar en primera fila y ser mayoría, es tener más exposición al contagio, viéndose obligadas a doblar turnos de trabajo y a realizar horas extras, lo que está generando graves problemas emocionales y psicológicos. Sin hablar de las condiciones de desigualdad y techo de cristal en este sector: los puestos directivos siguen siendo mayoritariamente ocupados por hombres (un 80% frente al 20% las mujeres). Hay una brecha salarial de aproximadamente €10.000/año (en palabras del exministro Illa) para las médicas.

La crisis del coronavirus ha situado los cuidados en el centro y a nosotras en la primera respuesta ante la enfermedad. Las mujeres, que representamos en torno al 75% de las personas cuidadoras, hemos sufrido y sufrimos de manera especial el impacto de un sistema de salud debilitado, asumiendo una mayor carga de cuidados de personas enfermas ante la falta de recursos sanitarios accesibles. 

Hoy más que nunca, necesitamos de una sanidad pública fuerte que responda a las necesidades sociales, y exigimos:

  • La derogación de la ley 15/97 art 90 de la Ley General de Sanidad, ley que abre las puertas a la privatización de los servicios sanitarios y sociosanitarios.
  • Replantear el modelo de cuidados de las personas mayores. Debe abordarse de forma inmediata como un Servicio Público, para que no vuelva a repetirse lo que, con mucho dolor, hemos visto en esta crisis. 
  • Dotar a la sanidad pública de financiación suficiente y obligatoria. La actual campaña de vacunación hace aún más necesario y urgente el incremento de inversión en la atención primaria, para que llegue al mayor número de personas en el menor tiempo posible. 
  • La eliminación de la brecha salarial, implantando programas de promoción y equidad y favoreciendo la igualdad de oportunidades en el acceso a los puestos.
  • Eliminar la precariedad laboral, reponer las plantillas y convocar las plazas no solo de reposición, sino las de incremento anual pactadas y no cubiertas.
  • Garantizar la igualdad de género en la gestión sanitaria: medidas de empleo y de conciliación de la vida laboral y personal para las profesionales de la salud; adopción de medidas para asegurar la igualdad de género en todos los espacios de participación, asegurando una representación adecuada en los órganos de decisión. 
  • Potenciar y facilitar el acceso a los servicios de salud mental.
  • Eliminación de las patentes farmacológicas y creación de un sistema farmacéutico público.
  • Revertir la lógica del beneficio sobre los cuidados, poner los cuidados en el centro.
  • Garantizar la accesibilidad universal y equidad en la distribución de la vacuna contra la Covid-19. La suspensión de la patente permite compartir la investigación, producirla de forma masiva, garantizar su seguridad y establecer un precio justo.  El derecho humano a la salud no puede convertirse en negocio.
  • No al sesgo de género en la atención sanitaria: La mujer apenas está representada en la investigación y en los ensayos clínicos, que, fundamentalmente, se realizan  en la población masculina y se extrapolan luego a las mujeres. Las mujeres enfermamos y reaccionamos a los fármacos de manera diferente a los hombres. Necesitamos desde ya una prevención, un diagnóstico, un tratamiento y una atención diferenciadas, así como dotación de recursos para la formación de profesionales en salud con perspectiva de género.

¡¡POR UNA SANIDAD 100% PÚBLICA Y FEMINISTA!!

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